Esta mañana cogí mis amarguras y me fui al campo.
Vi un árbol, trepé por su tronco, me agarré a sus ramas y cuando ya estaba en su copa, sintiendo el sol y el aire en la cara, comencé a saltar.
Al principio eran saltos tímidos, aferrando las ramas con mis manos. Poco a poco, fui sintiendo la seguridad del ¿Por qué no?
Al terminar de saltar, pude notar la inevitable sonrisa en mi cara.
Vi un árbol, trepé por su tronco, me agarré a sus ramas y cuando ya estaba en su copa, sintiendo el sol y el aire en la cara, comencé a saltar.
Al principio eran saltos tímidos, aferrando las ramas con mis manos. Poco a poco, fui sintiendo la seguridad del ¿Por qué no?
Al terminar de saltar, pude notar la inevitable sonrisa en mi cara.
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